La Hna. Mariveld Bravo Béjar, Carmelita Misionera, Delegada Diocesana de Catequesis de la Diócesis de Oruro, fue la encargada de compartir la segunda ponencia, tocando aspectos fundamentales del ser misionero y que debe vivir en comunidad.
Comenzó con el pasaje de Jn 17, 21: el Señor pide: “Que todos sean uno… para que el mundo crea que tú me has enviado”; el seguimiento de Jesús no termina en la persona, pasa necesariamente por la Iglesia - comunidad.
Comenzó con el pasaje de Jn 17, 21: el Señor pide: “Que todos sean uno… para que el mundo crea que tú me has enviado”; el seguimiento de Jesús no termina en la persona, pasa necesariamente por la Iglesia - comunidad.
Es la iglesia, comunidad de discípulos de Jesús la que ha recibido del Señor la misión de anunciar a toda la humanidad la Buena Noticia.
Ella nos pide ser en el mundo testimonio y profecía, haciendo visible el signo por excelencia del Reino: la Comunión, es ella el punto hacia donde se dirige, ya que la iglesia es esencialmente un misterio de comunión en el que cada uno de nosotros estamos llamados a participar, descubriendo más profundamente las exigencias de ser y vivir esta realidad misteriosa en solidaridad con toda la humanidad. En el principio de todo no está el Uno, sino la comunión, no está el Ser, sino el AMOR. Dios no es un solo Absoluto sino relación de Personas, comunión del Padre, Hijo y Espíritu Santo, en profunda y plena unidad. La comunión trinitaria es así experiencia y propuesta a la vez.
COMUNIDAD ABIERTA A LA ESCUCHA (Actitud del que escruta, oye, presta, atención, ausculta, observa)
Guiados por las lecturas de Is 50, 4-5 y Mateo Mt 16,1-3 –Lc 12, 54-56, nos hizo reflexionar sobre la pregunta que Jesús hace a los discípulos ¿y no saben interpretar las señales de los tiempos?
La lectura de creyente de la realidad, de los contextos donde estamos presentes, nos da una visión para interpretar la historia. Como constatan nuestros pastores en Aparecida y en el Aporte de la CEB, a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe Aparecida 2007: Discípulos misioneros para que nuestros pueblos en él tengan vida”. La Paz (Bolivia).
Las culturas originarias de Bolivia expresan su anhelo y convicción de la relación armónica entre los seres humanos, la comunidad y la naturaleza, con la que establecen fuertes lazos de convivencia, comunión y reciprocidad socio existencial. CEB, Aportes a la V Conferencia de Aparecida 18
Esta mirada –actitud de escucha- de discípulos misioneros nos hace experimentar a la iglesia como realidad viva en la que no es posible separar el amor a Dios y el amor al prójimo, nos invita a dejar que las situaciones humanas afecten nuestra vivencia espiritual - cristiana, nos lleve a dar respuestas comprometidas según la realidad de nuestro tiempo, haciendo que sean espacios habituales de encuentro con el Señor, nos urge ir impregnando del Evangelio las realidades diversas -con los valores del Reino - (DA 104- 126)
COMUNIDAD QUE APRENDE DEL MAESTRO A VIVIR Y CREAR COMUNION (Aprende: instruirse, educar, cultivar, ilustrar, ejercitar, formar.)
En el origen de toda vocación está el Espíritu infundiendo vida y conduciendo a la persona hacia la plenitud.
“Los discípulos hombres y mujeres que hacemos visible el amor misericordioso de Dios, experimentamos “El llamamiento que hace Jesús, el Maestro, conlleva una gran novedad.... nos hace una “invitación a encontrarnos con Él y a vincularnos íntimamente con su Persona… Nos pone en profunda sintonía con Dios y su misterio. “Nadie viene al Padre sino por mí. Si me conocen a mí, también conocerán al Padre.”
Como comunidad que asume la misión de Cristo, acogemos la luz del Espíritu para hacer visibles los valores de Jesús y su Reino, formando comunidades cristianas (Cf ITC 134), abriéndonos a fraternidad universal, en medio de una sociedad cada vez más interaccionada e interdependiente, plural y a la vez individualista, dividida con resistencias para poner armonía en las diversidades. Como discípulos misioneros estamos urgidos a vivir sin fronteras enraizando el Evangelio en muchos pueblos, haciendo visible un nuevo rostro de iglesia que camina hacia la unidad y acoge la diversidad; testimonio de una Iglesia dialogante que sale al encuentro del hombre y la mujer y abraza a todas las razas, pueblos, culturas y religiones. ITC 135
Al igual que las primeras comunidades de cristianos, “hoy la comunión se nutre con el Pan de la Palabra de Dios y con el Pan del Cuerpo de Cristo. La Eucaristía, participación de todos en el mismo Pan de Vida y el mismo Cáliz de Salvación, nos hace miembros del mismo Cuerpo. (Cf. 1Cor 10, 17) Ella es fuente y culmen de la vida cristiana su expresión más perfecta y el alimento de la vida en comunión. En la Eucaristía, se nutren las nuevas relaciones evangélicas que surgen de ser hijos e hijas del Padre y hermanos y hermanas en Cristo”. DA 158 – 159, 161, 162
COMUNIDAD QUE ANUNCIA: LA COMUNION SE REALIZA EN LA UNIDAD Y LA DIVERSIDAD.
(Anunciar: comunicación, participación, testimonio)
San Pablo (1 Cor.12, 12-14,26) nos sitúa en este momento de reflexión en la clave de lo que podemos señalar es el cometido de nuestra comunidad Eclesial: ser portadores de comunión - unidad en la diversidad, que nos hace comunicar:
- El gozo de ser hombres y mujeres, discípulos misioneros en actitud de escucha atenta de la Palabra de Dios y a la historia, con una actitud itinerante, que haga redescubrir y renovar la identidad eclesial cristiana.
- Retomar decididamente la misión, sintiéndonos como Jesús, enviados a anunciar la Buena Nueva del Reino, siendo evangélicamente audaces ante las situaciones que desafían nuestro profetismo.
- Llamados a repensar en la comunidad de la Iglesia desde una conversión profunda:
- Cultivar una espiritualidad misionera que genere un cambio de mentalidad DA 268
- El desafío de la acción evangelizadora, la renovación de estructuras, donde no pongamos el acento en lo institucional sino en las exigencias y necesidades de nuestros pueblos, la Nueva Evangelización, potenciando la diversidad de vocaciones, ministerios y carismas y los lugares de comunión en nuestra Iglesia (Cf DA 164-175)
- Somos discípulos misioneros, en esta realidad plural, el mejor testimonio profético que ofrecemos es entrando en la frontera de la diversidad cultural, religiosa para ser signos y testimoniar la comunión, desarrollando una pedagogía de la interrelación en apertura a la corresponsabilidad, interculturalidad, acogiendo en reciprocidad nuestras culturas, creando instancias de comunión y participación a través del diálogo y cercanía dentro y fuera de la Iglesia. Aportando a la misión común: hacer presente el Reino de Dios.
- Como discípulos misioneros estamos llamados a acoger el proyecto de Dios, que nos llama a la fraternidad universal y nos exige derribar muros, unir lo disperso, reconciliar todo con ÉL, considerando las diversas etapas que permitan caminar hacia la maduración humano- cristiana de nuestros hermanos, hermanas y de las comunidades, que impulsen una auténtica Espiritualidad misionera (DA 106, 278 – 285; RMi 87
- “La Eucaristía, es fuente inagotable de la vocación cristiana es, al mismo tiempo, fuente inextinguible del impulso misionero. Allí el Espíritu Santo fortalece la identidad del discípulo, despierta en él la decidida voluntad de anunciar con audacia a los demás lo que ha escuchado y vivido. DA 251
María nos ayude a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo.
“Quisiera ser misionera pero no sólo algunos años… sino que hubiera deseado serlo desde la creación del mundo hasta el final de los tiempos” Santa Teresa de Jesús.
“Quisiera ser misionera pero no sólo algunos años… sino que hubiera deseado serlo desde la creación del mundo hasta el final de los tiempos” Santa Teresa de Jesús.
Por: Luz Erika Limachi - Comunicación Santa Cruz

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