V CONGRESO NACIONAL MISIONERO
“BOLIVIA CON CRISTO ESCUCHA, APRENDE Y ANUNCIA”
Cochabamba del 16 al 20 de abril de 2008
Homilía de la misa de inauguración del Cardenal Julio Terrazas Sandoval
Arzobispo de Santa Cruz
Presidente de la Conferencia Episcopal de Bolivia
Coliseo Don Bosco, Cochabamba 16 de abril

Amados hermanos y hermanos:
Cuando el Señor quería que la multitud lo escuchara, pues se subió a un monte o se iba en una barca, y dicen que lo escuchaban bien. Hoy no tengo ni el monte, ni la barca; pero tengo en esto, que en momentos a veces ensordece y el peligro que no escuchemos la palabra del Señor, vamos a hacer un esfuerzo.
En este regalo de Dios que es este V Congreso Nacional, la pascua que acabamos de celebrar la vamos a vivir aquí, desde todo los rincones de Bolivia, con fe en el Señor con ganas de hacernos instrumentos claros, para que el Señor siga anunciando su salvación, su liberación, a todos los grupos, a todos los pueblos, para que el Señor siga realizando el sueño del Padre, que nos quedemos caminando cada uno por su lado, sino que tomemos conciencia que somos el pueblo de Dios; que somos la familia la comunidad de Dios, que tenemos siempre que actuar como familia, como comunidad, como pueblo de Dios.
Sé que se han preparado ya de diversas maneras, para llegar a este encuentro tan extraordinario, creo que nos congregamos todos los sectores de iglesia, me alegra que estén varios de los Señores Obispos, hermanos nuestros, sacerdotes, seminaristas, religiosas, religiosos, laicos, laicas, no se que más habrá, pero todos los fieles discípulos del Señor, que quieren llegar a la práctica: si somos cristianos, somos misioneros; no hay otra manera de ser cristianos, es siendo misionero, y no hay otra manera de ser misionero si no estamos fundamentados bien, con claridad en esa roca de nuestra fe, que es Cristo el Señor, no llevamos cualquier mensaje, llevamos el mensaje que en nombre de su Padre ha traído Cristo, para que hagamos llegar en nombre de todos. Ha sido el último dialogo del Señor con sus discípulos, allí en la montaña, y les dice vayan, vayan por todo el mundo, vayan a todos los pueblos, vayan a llevarles esta noticias, para que todos los pueblos conformen uno solo que reconozcan al Dios de la vida, de la justicia, de la verdad.
Vayan y bauticen, háganlo discípulos míos, y sepan que ustedes que ustedes tienen un Dios que nos se parece a ninguno de los otros, de esos dioses que se fabrican otros; un Dios que los ama, de un Dios que los quiere realmente de verdad, pero sobre todo de un Dios que los respeta, de un Dios que no necesita látigos, ni palos, ni orcas, ni insultos, ni discriminaciones para convencer, es un Dios que tienen que llegar a cada persona y a cada comunidad y a cada pueblo por el testimonio de amor que podamos brindarles, como encargados de llevar su palabra a todas las naciones.
Yo creo que este mensaje tenemos que volverlo a apropiarlo y que quede enriquecido con todo el dinamismo de Aparecida, ese acontecimiento especial, pastoral cien por ciento, en el que nos hemos puesto a la escucha de la palabra, para saber que es lo que el Señor quiere de nuestros pueblos ya bautizados pero pocos comprometidos con las exigencias del bautismo, un continente en el que la mayoría cree en Cristo, lo ama, le reza, le reza con humildad, con sencillez, con confianza, sin embargo un continente en el que las desigualdades son tremendas, en el que no hay un amor grande que nos lleve a sentirnos amigos, unos de otros, un continente en el que se multiplican las voces rumor y rencores, un continente que tiene el peligro de quedarse sólo con el titulo de cristiano y que no actúa como verdaderos discípulos de este Señor en el que creemos.
Aparecida nos recuerda esto, hoy el Maestro nos vuelve hablar como habló a sus discípulos, hoy también ha venido hasta aquí en medio de nosotros para decirnos reciban mi Espíritu, ese Espíritu de vida, ese Espíritu que les va a dar mis palabras, que les va dar mi manera de actuar en todas las circunstancia, ese Espíritu que no es algo nostálgico del pasado sino es la palabra adecuada, oportuna, actualizada para el problema que afecta hoy a nuestra gente, para ayudar a nuestra gente a salir de las desesperanzas y poner su confianza en el Dios de la vida.
Creo que no podemos celebrar este acontecimiento sin dejar las puertas abiertas para comprender que el Señor nos ha puesto en esta Bolivia presente no en la del siglo pasado tampoco en la Bolivia del siglo que viene, en esta, con todo lo que estamos viviendo lo bueno, lo malo y lo feo, esta es la Bolivia que el Señor nos está dando para que podamos decir: Bolivia con Cristo escucha, aprende y anuncia.
Dejemos la puertas y las ventanas, nuestra mente, nuestro corazón para llenarnos del dinamismo del Espíritu, que es Espíritu que nos entregado Jesucristo Resucitado, para que llevemos esa vida y Vida abundante en nuestros pueblos, esto tiene sus exigencias así como el profeta Isaías soñaba con que todos los pueblos iban a subir a Jerusalén, que la palabra tenía que salir de ahí, esa palabra de vida, esa palabra que trasforma, esa palabra que hacía que aquellos que tenían en sus manos las armas las hicieran caer y las convirtieran en arados para trabajar y buscar la paz y el bienestar de todos sin distinción alguna.
Esa palabra de Isaías en Cristo se hace realidad para todos los pueblos del mundo en momentos en el que todos se preparan para venir acá la palabra del Señor que dice: debemos educarnos para la paz, tiene que saber el mensaje claro, nosotros estamos por la paz, nosotros estamos por una paz no de cementerios, estamos por una paz en la que cada tenga vida y la tenga en abundancia por medio del Señor, queremos una paz que sea fruto también de nuestros esfuerzos, que sea fruto de todas aquellas cosas que tenemos que dejar a un lado para que se cumpla el sueño de nuestro Padre y que seamos uno y que vivamos esa unidad.

Hermanos y hermanas esta palabra más el deseo del Señor seamos capaces de entrar en esta Bolivia. Bolivia tiene que escuchar.
Esta mañana en el aeropuerto de Santa Cruz a muy tempranas horas ya estaban los periodistas para preguntar a donde iba el Cardenal, dos o tres veces les he repetido: Voy a Cochabamba, pero no! Pero ellos querían que yo fuera a La Paz, porque ellos estaban interesados a que en La Paz vaya yo a arreglar todos los líos que hay en el país, les digo: no puedo ir a La Paz, estoy yendo a encontrarme con más de 700 misioneros católicos. ¿Cuál va a ser su mensaje para Bolivia? Les voy a dar el mensaje del Congreso: Bolivia escucha la Palabra de vida, la Palabra de Dios, y podemos añadir escucha esta Palabra, no la palabrería que se inventa y se multiplica y se hace voraz incendio de todas las amistades o de todas las relaciones humanas.
Escucha Bolivia, esa es la Palabra que el Señor hablaba con su pueblo: “Escucha Israel” es un diálogo de un Padre con sus hijos, es una Palabra de esperanza de fe y de caridad, por eso es que tenemos que ser nosotros portadores de esa Palabra para que Bolivia hoy en medio de tantos ruidos escuche al Señor.
Bolivia aprende, aprende de tu historia, aprende de las cosas que han pasado en tu vida, no las repitas mecánicamente, si ha habido errores hay que corregirlos, pero corregirlos como dijimos el domingo, utilizando el arma del amor, no corregirlos enfrentando, matando o hiriendo a los otros que no piensan como uno, aprende el mensaje en este momento con mayor urgencia, porque lo necesita nuestro pueblo, el pueblo sencillo y humilde.
Bolivia anuncia la capacidad de que puede haber cosas nuevas, anuncia la Buena Noticia, procura meter en medio de tanta mala noticia mezclada con sangre humana el mensaje del Señor, hablar también de la Sangre de Cristo derramada por nuestra salvación y no de la sangre que es fruto de venganza, de odio.
Anunciemos a un pueblo que quiere cambiar, el cambio limpio y verdadero, el Señor nos ha pedido que nosotros lo digamos con fuerza y claridad, se basa siempre en el amor de Dios ya lo dice el Santo Padre, no podemos hablar de cambios, de transformaciones sino es a partir de Dios, de Dios que es amor porque es ese amor el único que puede cambiar la existencia humana, ese es el amor que tenemos que anunciar, ese es el amor que tenemos que servir entre nosotros: “Dios nos amó primero”, dejémonos pues penetrar por este amor para hacerlo llegar como Buena Noticia a toda nuestra comunidades, a todo nuestro país.
Que el Señor de la vida y nuestra Madre la Virgen María acompañe todo lo que se haga en estos días y que la Iglesia siga cantando las grandezas que hace Dios desde la cruz, desde la Resurrección y con la llegada del Espíritu, para que siempre podamos decir cosas nuevas a nuestra gente que tanto necesita la novedad del Dios de la vida.
Amén